Microplásticos en las cumbres: el rastro invisible que llega hasta el Everest
Fibras de poliéster a más de 8.000 metros, partículas que llueven del cielo en valles remotos del Pirineo, plástico en la nieve de la Antártida. La montaña no está a salvo del plástico, y parte del problema lo llevamos puesto.
Durante mucho tiempo, la alta montaña fue el símbolo de lo intacto: aire limpio, nieve blanca, agua pura. La ciencia de los últimos años ha matizado esa imagen. Los microplásticos —fragmentos y fibras de plástico de menos de 5 milímetros— han aparecido en algunos de los lugares más remotos del planeta, incluida la montaña más alta.
El plástico más alto del mundo
En 2020, la revista One Earth publicó los resultados de muestras de nieve y agua recogidas durante una expedición científica al Everest. Los investigadores, liderados por Imogen Napper, encontraron microplásticos en todas las muestras de nieve analizadas, incluidas algunas tomadas a unos 8.440 metros, cerca del Balcón, en la ruta sureste hacia la cumbre.
El dato más revelador fue su naturaleza: la mayoría eran fibras de poliéster, acrílico, nailon y polipropileno. Son los materiales de la ropa técnica, las tiendas de campaña y las cuerdas. Los autores señalaron que las concentraciones eran mayores en el campo base, donde se concentra la actividad humana.
Parte del plástico de la montaña no llega desde lejos: lo llevamos puesto.
Plástico que viaja por el aire
No todo procede de los visitantes. En 2019, un estudio publicado en Nature Geoscience midió durante meses la deposición atmosférica de microplásticos en una estación de investigación en un valle remoto de los Pirineos franceses, lejos de grandes ciudades. El resultado: cientos de partículas por metro cuadrado y día cayendo con la lluvia, la nieve y el polvo. Los análisis de las trayectorias del aire indicaban que podían viajar decenas de kilómetros o más.
Desde entonces se han encontrado microplásticos en la nieve recién caída de la Antártida, en lagos de alta montaña y en glaciares de varias cordilleras.
¿Por qué importa?
La ciencia aún está estudiando el alcance de sus efectos, pero preocupa por varias razones:
- Persistencia: el plástico tarda muchísimo en degradarse y en el frío lo hace todavía más despacio.
- Entrada en las cadenas tróficas de lagos y ríos de montaña, que nacen de la nieve y el hielo.
- Posibles efectos en el albedo: partículas oscuras sobre la nieve podrían favorecer su fusión, aunque este efecto se sigue investigando.
- Transporte de otros contaminantes adheridos a su superficie.
Qué podemos hacer los montañeros
Ningún gesto individual resuelve un problema global, pero hay prácticas razonables:
- Comprar menos y mejor. El material duradero y reparable desprende menos fibras a lo largo de su vida que varias prendas baratas sustituidas a menudo.
- Lavar menos y con cuidado: ciclos cortos, agua fría, carga completa. Hay bolsas y filtros que retienen parte de las fibras en la lavadora.
- Reparar chaquetas, tiendas y mochilas en lugar de sustituirlas.
- Llevarse toda la basura, incluidos pequeños envoltorios, trozos de cinta y restos de material roto.
- Valorar las fibras naturales cuando sean adecuadas, como la lana merino en capas base (te explicamos sus ventajas en cómo vestirse por capas).
- Participar en limpiezas organizadas en zonas muy frecuentadas.
El contexto del Everest
En la montaña más famosa del mundo, la gestión de residuos se ha convertido en una prioridad, con depósitos obligatorios, campañas de limpieza y la obligación de bajar los residuos humanos. Lo repasamos en las nuevas normas del Everest.
La conclusión de los investigadores es sencilla: si hay plástico en la cima del mundo, no queda ningún lugar fuera de su alcance. La solución pasa por reducirlo en origen.
Fuentes y referencias
- Napper et al. (2020), One Earth – Reaching new heights in plastic pollution
- Allen et al. (2019), Nature Geoscience – Atmospheric transport of microplastics to a remote mountain catchment
- Aves et al. (2022), The Cryosphere – Microplastics in Antarctic snow
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